
Vivimos en un mundo cada vez más digital y artificial. Un estudio llamado «Cómo las parejas se conocen y permanecen juntas» determina que más del 60% de las parejas se conocen en línea, cifra en aumento.
Esta aproximación digital al mundo del amor y de la pareja está generando una construcción poco real de este tipo de vínculo. Recibimos toda la información a través de medios que fomentan una vida perfecta, placentera, estética y eliminan todos aquellos aspectos menos deseados.
Hoy los estímulos emocionales abundan. Un like, un comentario o un mensaje. La obtención de satisfacción se vuelve inmediata, con poca construcción y elaboración, y al mismo tiempo, efímera y sin permanencia.
Todo se ha vuelto tan accesible que parecería que el amor tendría que ser igual de rápido y debería de cubrir nuestras necesidades de la misma manera. La facilidad de lo digital entra en conflicto con la complejidad y la incomodidad de las relaciones afectivas. Las expectativas y la idealización chocan lo real del amor.
La aventura del encuentro amoroso ya no es hacer cientos de kilómetros para ir en búsqueda de la persona amada, no se aventura a correr a la estación de trenes a no dejar que ese amor se vaya, hemos olvidado que el amor es sobre todo salir a un encuentro; ahora todo se resuelve con mensaje y algunos emojis.
Soledad, aislamiento, ansiedad y depresión, síntomas generalizados de esta época que han ido apareciendo a raíz del consumo en exceso que estamos haciendo del mundo digital.


