"Tengo muchos años de terapia" se puede convertir en un argumento para justificar que el problema es el otro.
El conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos: los patrones, las conductas y las creencias las podemos usar también para estancarnos en nuestro relato y que nuestra historia sea lo que nos mantiene atados a nuestros conflictos.
El conocimiento no es señal de transformación.
Alguien aprende a contar su historia de determinada manera, pero no con el objetivo de transformarse con lo que le sucede, sino para encontrar más argumentos que lo justifiquen y le eviten tener que cambiar.
El conocimiento también nos puede alejar de entrar en contacto con el mundo emocional, permanecemos en lo racional, en el "yo sé de dónde viene esto" o "yo sé por qué me pasa esto" y alejarnos del dolor que las situaciones nos pueden generar.


